jueves, 6 de mayo de 2010


Cogió el lápiz, cerró los ojos y empezó a dibujar formas en la hoja en blanco que llevaba 20 minutos silenciosa delante de él. Una estrella. Un sol. Una pelota. Unos ojos. Tres casas. Se lo habían recomendado, a ver si así ponía orden a todo lo que había ido sucediendo en las últimas semanas: una especie de reinicio consciente y necesario. Recargar. No creía en esas cosas, pero de repente, justamente mientras lo pensaba, empezó a sentirse mucho mejor. Era como si toda la niebla que le había distraído últimamente empezara a despejarse, al tomar consciencia de ello todo le parecía más llevadero, más solucionable… y hasta sencillo. Levantó la vista del papel, se quedó embobado mirando por la ventana, y sonrió.

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